La demonología en la antigüedad - “Sobre el dios de Sócrates” de Apuleyo

Muchos conocen a Sócrates como un campeón de la razón, como el adalid del autoconocimento y la mayéutica (el método que consiste en interrogar a alguien de manera que éste pueda llegar a la verdad por sí mismo).
Mucho menos conocido es el papel que jugó el demonio de Sócrates (o “daimon”, para utilizar el término griego) en las enseñanzas del maestro de la filosofía griega.
Los escritores de las distintas escuelas socráticas, en especial los de la platónica, sostienen unánimemente que Sócrates escuchaba una voz espiritual que lo disuadía de realizar determinados actos o le aconsejaba otros. Esa voz espiritual era la de su demonio o “daimon”.

¿Cuál era su naturaleza?

En la Apología de Sócrates, el diálogo platónico en el que se exalta la conducta del maestro en aceptar el juicio que se le hacía por impiedad y la consecuente condena a muerte, Sócrates (en palabras de Platón) se refiere a su “daimon”:

Pasemos ahora a los últimos, y tratemos de responder a Melito, a este hombre de bien, tan llevado, si hemos de creerle, por el amor a la patria. Repitamos esta última acusación, como hemos enunciado la primera. Hela aquí, poco más o menos: Sócrates es culpable, porque corrompe a los jóvenes, porque no cree en los dioses del Estado, y porque en lugar de éstos pone divinidades nuevas bajo el nombre de demonios”.
Por consiguiente, puesto que yo creo en los demonios, según tu misma confesión, y que los demonios son dioses, he aquí la prueba de lo que yo decía, de que tú nos proponías enigmas para divertirte a mis expensas, diciendo que no creo en los dioses, y que, sin embargo, creo en los dioses, puesto que creo en los demonios. Y si los demonios son hijos de los dioses, hijos bastardos, si se quiere, puesto que se dice que han sido habidos de ninfas o de otros seres mortales, ¿quién es el hombre que pueda creer que hay hijos de dioses, y que no hay dioses? Esto es tan absurdo como creer que hay mulos nacidos de caballos y asnos, y que no hay caballos ni asnos.
Quizá parecerá absurdo que me haya entrometido a dar a cada uno en particular lecciones, y que jamás me haya atrevido a presentarme en vuestras asambleas, para dar mis consejos a la patria. Quien me lo ha impedido, atenienses, ha sido este demonio familiar, esta voz divina de que tantas veces os he hablado, y que ha servido a Melito para formar donosamente un capítulo de acusación. Este demonio se ha pegado a mí desde mi infancia; es una voz que no se hace escuchar sino cuando quiere separarme de lo que he resuelto hacer, porque jamás me excita a emprender nada. Ella es la que se me ha opuesto siempre, cuando he querido mezclarme en los negocios de la república; y ha tenido razón, porque ha largo tiempo, creedme atenienses, que yo no existiría, si me hubiera mezclado en los negocios públicos, y no hubiera podido hacer las cosas que he hecho en beneficio vuestro y el mío.

Concededme, os suplico, un momento de atención, porque nada impide que conversemos juntos, puesto que queda tiempo: Quiero deciros, como amigos, una cosa que acaba de sucederme, y explicaros lo que significa. Sí, jueces míos, (y llamándoos así no me engaño en el nombre) me ha sucedido hoy una cosa muy maravillosa. La voz divina de mi demonio familiar que me hacía advertencias tantas veces, y que en las menores ocasiones no dejaba jamás de separarme de todo lo malo que iba a emprender, hoy, que me sucede lo que veis, y lo que la mayor parte de los hombres tienen por el mayor de todos los males, esta voz no me ha dicho nada, ni esta mañana cuando salí de casa, ni cuando he venido al tribunal, ni cuando he comenzado a hablares. Sin embargo, me ha sucedido muchas veces, que me ha interrumpido en medio de mis discursos, y hoy a nada se ha opuesto, haya dicho o hecho yo lo que quisiera. ¿Qué puede significar esto? Voy a decíroslo. Es que hay trazas de que lo que me sucede es un gran bien, y nos engañamos todos sin duda, si creemos que la muerte es un mal. Una prueba evidente de ello es que si yo no hubiese de realizar hoy algún bien, el Dios no hubiera dejado de advertírmelo como acostumbra.

Traducción:

Como vemos, el demonio socrático para Platón solo disuadía a Sócrates, a través de una voz que sólo él puede escuchar, de determinados actos que le resultarán perjudiciales.
Para Jenofonte, otro de los discípulos de Sócrates, el demonio socrático no se limitaba a disuadir sino que también aconsejaba lo que debía hacer.

Otra cuestión más delicada es la de saber la verdadera naturaleza del demonio socrático. Platón no se pronuncia, aunque en sus obras dejó en claro la existencia de una raza intermedia de seres, como el siguiente párrafo perteneciente a “El banquete”:
¡Pero qué!, la respondí, ¿es que el Amor es mortal?
—De ninguna, manera.
—Pero, en fin, Diotima, dime qué es.
—Es, como dije antes, una cosa intermedia entre lo mortal y lo inmortal.
—¿Pero qué es por último?
—Un gran demonio, Sócrates; porque todo demonio ocupa un lugar intermedio entre los dioses y los hombres.
—¿Cuál es, la dije, la función propia de un demonio?
—La de ser intérprete y medianero entre los dioses y los hombres; llevar al cielo las súplicas y los sacrificios de estos últimos, y comunicar a los hombres las órdenes de los dioses y la remuneración de los sacrificios que les han ofrecido. Los demonios llenan el intervalo que separa el cielo de la tierra; son el lazo que une al gran todo. De ellos procede toda la esencia adivinatoria y el arte de los sacerdotes con relación a los sacrificios, a los misterios, a los encantamientos, a las profecías y a la magia. La naturaleza divina como no entra nunca en comunicación directa con el hombre, se vale de los demonios para relacionarse y conversar con los hombres, ya durante la vigilia, ya durante el sueño. El que es sabio en todas estas cosas es demoníaco; y el que es hábil en todo lo demás, en las artes y oficios, es un simple operario. Los demonios son muchos y de muchas clases, y el Amor es uno de ellos.
Traducción:
La escuela platónica se preocupó, a partir del segundo sucesor de Platón, Jenócrates, por el estudio de la naturaleza de los demonios, como seres intermedios entre dioses y hombres, que habitan el aire, la parte superior del mundo sublunar, mientras los hombres habitan la tierra y los dioses el mundo supralunar.
Este rol intermediario entre hombres y dioses que los filósofos platónicos les asignan a los demonios será de capital importancia en la historia humana.
En el siglo II el filósofo Apuleyo escribió un pequeño tratado, en la forma de una especie de conferencia: “Sobre el Dios de Sócrates” (“De deo socratis”) que expone la doctrina platónica sobre los demonios y la naturaleza del demonio socrático. La doctrina contenida en dicho tratado, no propia del autor sino compendio de la filosofía de la época, tuvo una fuerte influencia en la demonología de la Edad Media, sobre todo a través de San Agustín, quien cita a menudo a Apuleyo y adopta sus ideas sobre los seres intermedios, pasándolas por el matiz del cristianismo. Así, los seres intermedios nos relacionan con Dios (ángeles) o con el Diablo (los demonios del mundo antiguo). Para la patrística cristiana los dioses paganos existían pero eran demonios que habían logrado hacerse adorar. Obras como el tristemente célebre “Martillo de las Brujas” (“Malleus Maleficarum”), y tantas otras, reflejan claramente la doctrina apuleyana.
Veamos sus puntos principales en los siguientes extractos de “Sobre el dios de Sócrates”. La traducción pertenece a Alberto Daniel Anunziato.

Diferencias entre hombres y dioses:

Existen, pues, dos clases de seres animados: los Dioses y los hombres, muy diferentes entre sí por la sublimidad de la morada, la eternidad de su vida y la perfección de su naturaleza, sin ningún contacto cercano entre ellos, ya que un abismo separa las excelsas esferas celestiales de las míseras viviendas humanas, allí la existencia es eterna e invariable, aquí fugaz y accidentada, allí la inteligencia se eleva a la beatitud, aquí se arrastra entre miserias. ¿Entonces, qué? ¿La naturaleza no presenta nexo alguno entre ambas realidades, como si su debilidad la condenara a la eterna separación entre sus partes divina y humana? Pues, como dijo el mismo Platón, ningún Dios se mezcla con los hombres.


Capítulo 4.

Los demonios son seres intermedios entre los hombres y los dioses:

Pero no es cierto, responderá Platón a través de mis palabras, que haya dicho que los Dioses estén separados y sean ajenos a nosotros, de manera que ni siquiera nuestras plegarias los alcancen. Tampoco aparté a los Dioses del cuidado de las cosas humanas sino del contacto con ellas. Además, existen ciertos poderes divinos intermedios, en el espacio de aire comprendido entre las excelsas alturas del eter y la tierra que habitamos, a través de los cuales nuestros méritos y nuestros deseos llegan a los Dioses. Estos poderes intermedios entre los habitantes del cielo y los de la Tierra son llamados “Demonios” por los griegos y llevan desde aquí nuestras plegarias y nos traen los dones de los Dioses. También llevan nuestras súplicas y traen los divinos auxilios, como intérpretes y mensajeros. A través de estos demonios, como Platón afirma en el “Banquete”, se cumplen los avisos, los diversos milagros de los magos y todas las especies de presagios.


Capítulo 6

Los demonios pertenecen al elemento “aire”:

Cuatro son los elementos más conocidos, como si la naturaleza estuviera dividida en cuatro grandes partes, y existen animales que viven en la tierra, el agua y el fuego, Aristóteles afirma que existen ciertos animales, provistos de alas, que vuelan en los hornos encendidos y pasan toda su vida en el fuego, en él nacen y con él mueren. Además, como ya hemos dicho antes, existen numerosos astros que se mueven en el eter, esto es, en el fuego más intenso. ¿Por qué, entonces, la naturaleza permitiría que solo este cuarto elemento, el aire (que tanto espacio ocupa), estuviera totalmente vacío y desprovisto de habitantes propios? ¿Acaso no nacen seres en el aire, como nacen en las llamas del fuego, en las olas del mar y en los surcos de la tierra? Alguien podría argüir que las aves habitan en el aire, pero ninguna de ellas sube más alto que la punta del Monte Olimpo, reputado como el más alto aunque los geómetras coinciden en que no supera los diez estadios de altura, pero existe una enorme masa de aire que se extiende a la órbita más cercana de la Luna, donde comienza el eter. ¿Qué diremos entonces de esa inmensa masa de aire que abarca desde la órbita más cercana de la Luna hasta la cima del Monte Olimpo? ¿Carecerá de animales propios y será está parte de la Naturaleza muerta y débil?


Capítulo 8

Los demonios son los encargados de los oráculos:

De estos seres divinos algunos prefieren ceremonias, ritos o sacrificios diurnos, otros nocturnos, públicos o secretos, alegres o tristes. Así, casi todas las deidades egipcias se complacen con lamentaciones, la mayoría de las griegas prefieren los coros, mientras que las bárbaras son homenajeadas con estrépito de címbalos, de tambores y de flautas. Igualmente varían según la región otros aspectos de los ritos sagrados: las multitudes de las procesiones, los arcanos de los misterios, las funciones de los sacerdotes, los obsequios de los que sacrifican; también las efigies y los adornos de los dioses, las religiones y regiones de los templos, la sangre y el color de las víctimas.


Capítulo 14

Las almas de los fallecidos también son demonios:

Existe, de acuerdo a un segundo significado de la palabra, otra especie de demonios, las almas humanas que rechazan la vida corpórea luego de finalizado el servicio de la vida. Considero que estas almas eran llamadas en la antigua lengua latina “lemures”. De estos lemures, el que aplacado y tranquilo por el cuidado de sus descendientes habita un hogar, es llamado un “Lar” doméstico. Por el contrario, los que por las faltas cometidas en vida carecen de hogar y están condenados a vagar en la incerteza, como si fueran exiliados, inane terror para los buenos y castigadores de los malos, son llamados por la mayoría “larvas”. Cuando es incierta su condición, larva o lemur, son llamados “Manes”


Capítulo 15

El demonio personal de cada uno es inmortal:

Pero existe otra especie de demonios, no menos numerosa pero muy superior en dignidad, más venerable y sublime, que siempre fueron libres de las cadenas del cuerpo y que están encargados de ciertos poderes. Entre ellos, el Sueño y el Amor, que tienen diversas facultades: el Amor vigila, el Sueño aletarga. Platón afirma que pertenecen a este orden más sublime de demonios los que son asignados a cada hombre como testigos y custodios de su conducta, para nadie visibles, pero siempre presentes como árbitros no solo de todos sus actos, sino también de todos sus pensamientos. Pero cuando nuestra vida termina, nuestra alma retorna, y aquel demonio que nos fue asignado, en ese mismo momento, nos arrastra a nuestro juicio y allí está presente, negándonos si mentimos y garantes de nuestras verdades; luego la sentencia se dicta de acuerdo a su testimonio.


Capítulo 16

El demonio de Sócrates lo aconsejaba en lo práctico:

Sócrates, si surgía una cuestión ajena a los oficios de la sabiduría, se encomendaba al poder de profecía de su demonio. Pero obedecía celosamente sus admoniciones y por ello su Dios le era mucho más propicio (…) Ya hemos dicho, en cierto modo, por qué el demonio de Sócrates siempre prohibía y nunca exhortaba. Sócrates, de virtud casi perfecta y siempre pronto a cumplir con sus deberes, nunca necesitó exhortación alguna, pero sí alguna prohibición, si existía algún peligro latente en lo que estaba por realizar, de manera que, advertido, fuese precavido y momentáneamente dejara de lado lo que estaba por realizar para hacerlo de manera más segura luego o por otra vía. En estas cosas decía que escuchaba una cierta voz proveniente de la divinidad”.


Capítulos 18/19

El demonio de Sócrates era un don de la divinidad:

Si a alguien tenía que serle concedida la facultad de contemplar una imagen divina, no es de extrañar que se le haya concedido a Sócrates, tan similar a los dioses por la dignidad de su sabiduría. Nada es más parecido y grato a un dios que un hombre cuya alma sea perfecta y que sobresalga de los demás hombres tanto como los dioses inmortales respecto a él.


Capítulo 20


La cosmovisión de la Tierra como el reino sublunar en el que los hombres interactúan con los seres intermedios debe mucho a esta obra de Apuleyo, principalmente por la aceptación de su doctrina que realiza San Agustín.


Etrada por: Alberto Anunziato

Comentarios

  1. Pues muchas gracias por traducción, Alberto. Podemos hacer una reflexión aún más abstracta sobre el "demonio de Sócrates", y es el de considerarlo como la voz de su conciencia. En un hombre hecho para el razonamiento lógico como él, la conciencia le exigía una función primordial, la de dudar, de ahí que su demonio le prohibiera siempre hacer o decir ciertas cosas, y diera como verdades aquello que no estaba prohibido, es decir, cuando el filósofo actuaba de acuerdo con su conciencia. Todos sabemos que Sócrates obedeció mansamente cuando le obligaron a beber la cicuta, y eso fue tal vez el dictado de su demonio, que lo obligó a actuar siempre de acuerdo con esa conciencia rigurosa.

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  2. En verdad les digo que son reales estos seres intermedios, lo son mas que el sol o la luna y yo tengo un Daimon y el me a confirmado todo esto.

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  3. cuando la biblia habla de que Dios corrompio la sabiduria del mundo se refiere a estos demonios que supuestamente hacian "nacer" las ideas mediante el razonamiento.
    el Apostol Pablo describe a los demonios como seres que habitan en los aires, y sin embargo usa éste término "demonio" para referirse a los secuaces de Satanas, enemigo del Dios verdadero, El Dios de Israel. El cual es Amor, la biblia lo afirma, "Dios es Amor" y mi conclusion de esto es que esa frase "Los demonios son muchos y de muchas clases, y el Amor es uno de ellos.", es una blasfemia contra el conocimiento de Dios. Por lo que llego a concluir mediante la logica elemental que jamas llegaremos al conocimiento verdadero, porque solamente Jesus, El Hijo de Dios es la VERDAD. nada que discutir... SEAN FELICES Y QUE DIOS LOS BENDIGA

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    1. Negro bastardo! Chupale el pito a tu dios que bien sumiso te tiene. Investiga y dudale a tu dios le vas a encontrar mil defectos y te vas a dar cuenta que no sos mas que un esclavo.

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  4. Rituales auténticos.
    Todo tipo de problemas.
    Solo problemas serios.
    Seriedad.
    Información: 34 673133101(washap)

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