El mito de los barcos alemanes de la I Guerra Mundial en la Luna

Esta increíble historia comienza en Scapa Flow, en las islas escocesas de las Orcadas al finalizar la Primera Guerra Mundial. Siguiendo los acuerdos del Armisticio alemán tras ser una de las potencias perdedoras del conflicto, su Flota de Alta Mar concebida para dominar los mares por el Káiser Guillermo II, debía ser internada en dicha base a la espera de lo que se hacía con ella. Desde Alemania, se temía que la flota, compuesta nada más y nada menos que por 74 barcos, iba a ser repartida entre las potencias aliadas vencedoras de la guerra y comenzó a fraguarse un plan para evitar aquella posibilidad nada utópica. El ideólogo de dicho plan fue el almirante Ludwig von Reuter que tenía a su mando  los buques internados y fondeados  en la base naval británica. El objetivo de Reuter era claro, echar a pique la totalidad de las embarcaciones.


La flota alemana en Scapa Flow

Alrededor de las 10:00 de la mañana del 21 de junio de 1919 el almirante alemán envió la señal mediante banderas que ordenaba a los pocos hombres que había al cuidado de los buques estar en alerta para echar a pique los mismos. Una hora y media más tarde se ejecutaba la operación mediante la apertura de los grifos de fondo y tomas de agua, también se procedió a la ruptura de las tuberías internas de agua y a dejar abiertas las puertas estancas entre otro grupo de operaciones llevadas a cabo para acelerar el hundimiento de los navíos. De los 74 buques, se hundieron 15 de los 16 barcos principales o insignias, además de 5 de los 8 cruceros y 32 de los 50 destructores, lo que hace un total de 52 de los 74 de la totalidad de la flota internada. El resto permaneció a flote o pudieron ser remolcados hasta aguas poco profundas siendo repartidos posteriormente a las potencias vencedoras.


Imagen de uno de los buques alemanes hundidos en Scapa Flow

Pero todo este escenario nos lleva a la temática de este artículo, la interesante historia de la llegada a la Luna del acero de los buques alemanes en la misión Apolo. Tras el hundimiento de la flota alemana en Scapa Flow, un velo de olvido y de años cubrió los pecios que descansaban en aquellas frías aguas. Y tras este periodo de tiempo llegó la Segunda Guerra Mundial y con ella su final protagonizada por el lanzamiento de las bombas atómicas y el nacimiento de una nueva humanidad que vivía bajo la tensión de la amenazante Guerra Fría. Y son ellas, las bombas de Hiroshima y Nagasaki y las diferentes pruebas atómicas que realizaron posteriormente los Estados Unidos, la Unión Soviética, Francia, Reino Unido, China y Pakistán, las protagonistas directas del fondo de esta historia.

Cada explosión nuclear envía a la atmósfera multitud de partículas radioactivas  que posteriormente vuelven a caer en la superficie del planeta, pero ¿y qué tiene que ver la radiación producida por las pruebas atómicas con los pecios hundidos en Scapa Flow?. Pues bien, una de las partículas emitidas a la atmósfera es el Cobalto 60 y en la elaboración del acero, desde mediados del siglo XX se utiliza el aire para fundir el metal, principalmente usando el sistema Bessemer, donde se insufla aire a presión y se remueve la impureza del hierro. Este proceso provoca que desde 1945 en adelante, el acero elaborado lleve una traza de Cobalto 60 impregnado por la utilización del aire a presión, se puede decir que nuestro acero actual es “muy ligeramente radioactivo”.
La carrera espacial había comenzado y era una de las luchas encubiertas dentro de la Guerra Fría. El objetivo primordial era llegar a la Luna  y para la construcción de componentes de los módulos lunares se buscaba acero con baja o nula radiación sobre todo para su utilización en instrumentos sensibles y de medición. Para ello se pensó en el acero hundido de los barcos alemanes de Scapa Flow que además estaban protegidos por la propia agua del mar. Parece ser que la NASA llegó a utilizar este acero con ese objetivo, así al menos se cuenta en el libro de Dan Van der Vat "The Grand Scuttle: The Sinking of the German Fleet at Scapa Flow in 1919".



En sus páginas además se relata que el acero alemán fue utilizado en la sonda Galileo que viajó hasta Júpiter y en las Pionner que ya superaron los límites del sistema solar. Pero estas cuestiones no están probadas al cien por cien, ya que la NASA jamás mencionó la utilización de este material en su programa espacial, a lo que hay que añadir que los Estados Unidos poseían una enorme flota de barcos de reserva construidos con acero anterior al 1945. Aunque sea difícil de creer, resulta interesante conocer que ese acero puede encontrarse a tan grande distancia de nuestro planeta Tierra.

¿Realidad o ficción?, como decía el sabio, las leyendas siempre tienen su origen en algún sitio. 



Imágenes de la sonda Galileo y Pionner respectivamente


























Autor: Isidro Calderón Muñoz

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